Qué es el audio Hi-Res y por qué es hora de que limpies tus oídos

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Con el regreso del Walkman a nuestras vidas, vimos que una tendencia que sonaba desde 2012 hizo otro llamado a los consumidores: Hi-Res Audio. El sonido de alta definición será uno de los temas llamativos que, al igual que UHD en la televisión, podrían cambiar las exigencias que el consumidor quiere en sus productos.

Sin embargo, muchos solo conocen este tipo de audio por algún sticker amarillo pegado a un dispositivo. ¿Pero qué es Hi-res Audio? ¿Sí es tan bueno como dicen? Aquí le contamos.

A limpiarse bien los oídos

Desde la llegada de los formatos digitales, las grabaciones de audio han mantenido un estándar de calidad cuyo punto de medición es un CD de audio. La calidad de este formato es de 16-bit/44,1 kHz.

Para entender estas dos mediciones hay que comprender cómo se digitaliza la música a partir de fuentes análogas. Los programas de digitalización convierten las ondas sonoras en bits, y para eso deben tomar un número limitado de muestras de audio y convertirlas en información. El segundo número (44,1 kHz) indica la cantidad de muestras por segundo que se toman para hacer la conversión, y se llama tasa de muestreo. El primer número (16-bit) indica cuánta información se captura de cada muestra. Simplificando un poco, entre más bits tenga un archivo de audio, más información recibe, más fiel es al original análogo y mejor calidad tiene.

Sin embargo, los archivos de esta calidad son muy pesados para un computador y otros dispositivos que servían como reproductores de audio de décadas pasadas, por lo cual nació .MP3 como un formato que comprime la información y ofrece una calidad de audio suficiente para la mayoría de los consumidores.qué es hi-res audio

Pero con la llegada de nuevas tecnologías, y el renacimiento de algunas viejas, los consumidores comenzaron a preocuparse de nuevo por el audio. Ahora compramos la barra de sonido porque queremos oír a la perfección nuestro stream de Spotify, o buscamos el mejor home theater para sentirnos como en una sala de cine. Y que hayamos creado esas necesidades impulsan nuevos formatos (que existen desde hace mucho, pero se popularizaron recién). Pero, para validar estos nuevos formatos se necesitaba generar un estándar, y así nació la definición de Hi-res Audio:

“Audio sin pérdida de calidad que sea capaz de reproducir el rango total de sonido de grabaciones que hayan sido finalizadas de fuentes musicales de mejor calidad que un CD.”

Como reporta WhatHiFi, esta definición la dio el Grupo de Entretenimiento Digital (DEG) junto a la Asociación de Electrónica para el Consumidor (CEA) y la Academia de Grabación. A este grupo se unieron compañías como M-Audio Music Entertainment y Universal Music Group. Y de paso, definieron los formatos de las fuentes de audio de alta resolución:

MQ-A: Que viene de una fuente analógica.

MQ-P: Que viene de una fuente master PCM (48kHz/20-bit o mayor, como 96/24 o 192/24)

MQ-D: Que viene de una fuente master DSD/DSF, que son formatos utilizados en edición de audio en estudio.

MQ-C: Que viene de un CD.

Y bajo una definición más popular, audio de alta resolución es aquel capaz de hacerlo sentir cómo se le erizan los pelos cuando suena el solo de ‘Stairway to Heaven’, o el solo de piano de ‘La rebelión’ de Joe Arroyo. Un sentimiento que no se logra cuando el formato no es capaz de reproducir todo el espectro sonoro que nos mueve las entrañas.

Así que si quiere tener canciones de buena calidad, lo primero que debe fijarse es que la tienda que las vende ofrezca formatos Hi-Res (la tienda de música de Sony, HD Tracks, PonoMusic, Gimell, etc…), y por lo general lo que bajarán será un archivo tipo .FLAC, .DSD, .AIFF, .WAV o .ALAC. En términos de imagen, serían como el RAW del audio. Este tipo de archivos ocupan mucho (muchísimo) más espacio que un .MP3, así que prepárense por si las moscas.

Un gran sonido requiere una gran maquinaria

Para no perder la plata ni el esfuerzo, es necesario tener un buen equipo que sea capaz de reproducir el audio de alta calidad. En el hogar debemos tener un equipo de sonido con parlantes de alta calidad. Algunos celulares como el LG G3, el Sony Xperia Z3 y el Samsung Galaxy Note 4 tienen el poder de reproducir Hi-Res audio sin necesidad de comprar amplificadores de audífonos. Otros celulares como el iPhone 6 necesitan un amplificador para darle la potencia suficiente a los audífonos de reproducir el audio de alta resolución. Y, justamente, para poder oír estos archivos es necesario que el reproductor y los parlantes que emiten el sonido sean de alta calidad y puedan reproducir todo el espectro.

Para poner un ejemplo: alguna vez, mi queridísima amiga Estefanía Parra me dijo que los que compran vinilos tienen razón en que suenan mejor que cualquier formato digital, pero cuando los ponen en el Crosley, un tocadiscos con parlantes integrados, dañan el sonido al nivel de un un mp3 de principio de siglo; y además dañan el vinilo con la aguja de mala calidad que utiliza el aparato.

Los vinilos, con su información analógica, tienen la mejor fidelidad en el sonido, porque lo que se reproduce es una copia análoga sin compresiones ni reducciones de algún tipo. Pero oírlos bien requiere tener un buen tocadiscos, con una buena aguja –ojalá con punta de diamante– que no termine rayando irreparablemente el vinilo. Al tocadiscos toca sumarle unos buenos parlantes que tengan un rango dinámico muy alto. Y ahí, solo ahí, sus viejos discos de jazz les van a mover los intestinos.

Lo mismo ocurre con el audio de alta resolución. Primero deben tener un equipo que pueda reproducir la señal a la perfección. Segundo, poseer parlantes que sean de muy buena calidad, para que no tengan distorsión a la hora de subir el volumen. En caso de que quieran escuchar su música por la calle, necesitan audífonos pro con mucho rango dinámico, y si se puede, que cancelen el sonido externo.

La desventaja es que para tener un buen audio se necesita mucha plata. Unos buenos audífonos pueden salir entre 150 y 1.000 dólares. Un equipo de audio puede llegar a los 2.000 dólares. Y cada parlante para completar el sistema completo puede salir entre 200 y 300 dólares. Así que prepara bien tu bolsillo.
¡Pero se oye hasta cuando las hormigas hablan!

El gran debate sigue ahí. Algunos creen que no hay diferencia entre la calidad de un CD y los archivos de audio de alta definición. Incluso, se podría decir que algunas de las frecuencias que se reproducen en los equipos de Hi-Res audio son imposibles de percibir para los humanos. Pero hay algo en ese rango que sí permite filtrar el ruido y ayudarnos a sentir el sonido.

Como usuarios comunes, estamos acostumbrados a oír lo que ofrece el stream, y máximo, el .MP3 de alta calidad. Tal vez a muchos eso les basta. Los que oyen Spotify están oyendo música a 160 kbps, los que oyen Spotify Premium oyen música a 320 kbps (máxima calidad del .MP3), lo que oyen archivos digital sin pérdida ‘ripeado’ de un CD (16-bit/44.1 kHz) están oyendo música a 1411 kbps, y el audio de Hi-Res (24-bit/96 kHz) puede cubrir hasta 9216 kbps.

Pero no es tan fácil como los números. Nuestro ingeniero y audiófilo de cabecera, Julio Cesar Carvajal, me propuso un ejercicio muy sencillo que me ayudó a sentir la gran diferencia entre Hi-res y cualquier formato común. Háganle la conversión a un formato digital sin compresión a un álbum de su banda favorita, o descárguenlo en uno de los formatos Hi-Res. Oigan ese álbum todo el día. Al día siguiente agarren el mismo álbum, pero óiganlo por stream o en formato .MP3 a 320 kbps.

En mi caso, tengo unos audífonos behringer que son para edición audiovisual. Pero si no tienen los mejores audífonos háganlo en la sala frente al equipo de sonido, oyendo la música durante mucho tiempo y evitando cualquier ruido externo.

Ahí se darán cuenta que no querrán seguir oyendo feo.

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