Una fábrica de peluqueros

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El estilista Marcelo Cuggini abrió en octubre pasado en Ramos Mejía su segunda escuela de peluqueros. La primera está en Tribunales, en Buenos Aires. “Somos la mejor escuela del país y enseñamos un oficio al alcance de todos, en estos tiempos de empleo en crisis”, asevera.

Cuggini es uno de esos emprendedores que se hizo de abajo y mezcla calle, pasión y talento en dosis bien repartidas. Y como buen emprendedor, es tozudo y en ocasiones va a contramano de estos tiempos.

De ahí que en momentos en que no sobran las inversiones productivas en la Argentina, Cuggini puso una fábrica.

“Tengo una fábrica, sí, de peluqueros, vamos a fabricar los mejores peluqueros del país”, afirma, al referirse a la escuela que inauguró en Ramos Mejía.

Se trata de la segunda que abre este reconocido peluquero y la primera en el conurbano bonaerense, territorio castigado si los hay por el desempleo y una economía que está estancada desde hace años y que ahora rebota mas sin desplazar mucho la aguja del mercado laboral.

Por eso Cuggini dice que lo propio, un tanto es un emprendimiento, mas otro poco es responsabilidad social.

“Este es un oficio que da grandes satisfacciones y le asegura a cualquiera un sustento. Ser peluquero te da satisfacciones económicas, mas asimismo sociales, porque hacés muchas relaciones. Uno no le puede tocar la cabeza a una persona sin ya antes tener una empatía, una relación personal, cercana”, explica Cuggini.
Es un oficio donde muy frecuentemente, el peluquero hace amigos de todas y cada una de las clases sociales, incluyendo gente de alto poder adquisitivo que pueden aparecer con algún negocio alternativo, “extra peluquería”, dice el estilista.

Pero además señala que se puede ser peluquero y vivir de ese oficio con muy poca inversión. “Cualquiera puede abrir un salón en el garaje de su casa, lo único que necesita son sus conocimientos y una tijera, aun si se marcha a otro país puede vivir de esto”, afirma.

Inventiva y también iniciativa. Cuggini nació hace 54 años en Ramos Mejía. Estudió en el colegio técnico aeronáutico Jorge Newbery, pero en tercer año abandonó. Hijo de un inmigrante italiano que se jubiló como metalúrgico y le inculcó la cultura del trabajo, Cuggini se empleó a los quince años como cadete y pronto entró en el mundo de los salones de peluquerías, de donde no salió más.

Siempre tuvo una veta por lo estético y por el lado emprendedor. Y en algún instante llegó a diseñar y construir casas, para luego venderlas. “Hice como cinco”, recuerda, con una sonrisa.

El proyecto de la escuela brotó hace cinco años por el hecho de que Cuggini tenía problemas para hallar buenos peluqueros para su salón. Entonces comenzó a pergeñar un “método Marcelo Cuggini” de enseñanza del oficio.
“Nosotros sabemos desde adentro todos los secretos de esta profesión, de ahí que somos una de las mejores escuelas del país o la mejor”, señala.

Entre otras muchas cosas, diseñó su plan de estudios, grabó vídeos y elaboró cuidadosos power point para desplegar durante las clases. También importó de China unas cabezas artificiales a fin de que los alumnos hagan sus primeras prácticas, ya antes de pasar a las personas de carne y hueso.

“Incluso tenemos un tanto de química en nuestras materias de estudio, porque hay que saber preparar una tintura, hay que examinar la composición de un cabello o bien un cuero capilar. Un ser humano es un laboratorio ambulante. Nosotros sabemos de qué forma lograr el punto preciso en un color”, afirma.

El curso de peluqueria que ofrece la Escuela de Marcelo Cuggini tienen una duración máxima de ocho meses.

Hay también seminarios de perfeccionamiento de 2 y cuatro meses y jornadas de un día también, a fin de que los que actualmente ejercitan el oficio puedan prosperar sus habilidades.

Los cursos incluyen: estilista masculino, estilista femenino, peinados recogidos, corte y brushing, colorimetría, barbería, maquillaje social, manicura y belleza de pies. La nueva escuela queda en Rivadavia 14.108, pleno corazón de Ramos Mejía. Al tiempo que la escuela porteña de la avenida Córdoba mil quinientos veinticinco ya marcha desde hace un par de años. Además, Cuggini tiene su salón en Tucumán 1671, también en Buenos Aires.

“En el futuro pensamos en franquiciar la marca, con un procedimiento y un know how y también abrir sucursales en el interior”, aventura.
Para llevar adelante la escuela, Cuggini tiene a su hijo mayor, Luciano, como directivo creativo. Es su mano derecha y sucesor. “Tiene talento”, vende su padre, pero además de esto, cuenta que “se crió en una peluquería”.

Siempre y en toda circunstancia es interesante conocer la opinión que tiene sobre la circunstancia económica un emprendedor y empresario pyme como Marcelo Cuggini. Habituado a apagar mil incendios, lidiar con empleados, impuestos o bien la caída del poder adquisitivo que se nota rápido en la calle. Además, como los taxistas, el peluquero tienen buen oído y habla con bastante gente de diversos campos.

Cuggini afirma: “Los argentinos no tenemos que esperar que vengan las inversiones de afuera, que nos vengan a salvar, tenemos que ponernos a trabajar , ahora, por el país que les queremos dejar a nuestros hijos. Quizá nosotros no vayamos a ver los beneficios, mas nos quedaremos apacibles de que arrancamos por este camino”. Todos los días le vienen a solicitar trabajo, frecuentemente, ciudadanos de otras nacionalidades. “Los bolivianos son muy trabajadores, quisquillosos y cumplidores”, afirma.

En su salón tiene un cartel de Ayn Rand, escritora y filósofa (Rusia mil novecientos cinco-USA 1982), que dice: “Cuando adviertas que para producir precisas autorización de quienes no generan nada; cuando percibas que muchos se hacen ricos por el soborno y las influencias más que por su trabajo, y que las leyes no te protegen contra ellos, sino que al revés, están protegidos de ti; cuando descubras que la corrupción es retribuida y la honradez se transforma en un autosacrificio; entonces vas a poder aseverar sin miedo a confundirte, que tu sociedad está condenada”

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